Guardias violentas

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Un grupo de médicos residentes de Medicina General del Hospital Central de Reconquista, publicaron en el último número de la revista Colegio de Médicos, un informe donde analizan distintos episodios de violencia sucedidos en la guardia de dicho nosocomio. A partir de estas experiencias reflexionan sobre el impacto en la relación médico paciente al momento de la consulta y sostienen la necesidad de enfrentar la violencia en los servicios de salud a partir de un plan educativo integral, medico, institucional y social.

 

 

 

El trabajo titulado "Guardias violentas" fue publicado en el número IV de la "Revista del Colegios de Médicos" editada por la entidad colegiada de la 1° Circunscripción de la Provincia de Santa Fe. Los autores son Alan Miguel Simoncini, Valeria Vanina Ramseyer, y Valentina Saiz, todos médicos residentes de  Medicina General del Hospital Central Reconquista.

Los autores explica que "las guardias de los hospitales son lugares destinados a la atención de Emergencia o Urgencias, dependiendo de la complejidad del mismo es el nivel de atención que se le brindara al paciente. Por el creciente número de agresiones verbales y físicas que se vienen dando en las guardias de los hospitales en todo el país, y de las cuales no estamos exentos, decidimos armar este relato con la finalidad de describir desde nuestro punto de vista cómo influyen las agresiones de los pacientes hacia nosotros y cómo repercute esta situación de violencia en nuestras acciones de salud hacia los pacientes, en forma consciente o inconsciente".

En el artículo, describen distintas situaciones de violencia que acontecen en la guardia del hospital central de Reconquista, con el propósito de poder "definir qué factores generan violencia desde el personal de salud hacia los pacientes y viceversa, analizar la relación existente entre la infraestructura y organización de la guardia central con los hechos violentos y estudiar si la oferta de servicios de salud es suficiente para satisfacer la demanda de atención de la población".

Luego de relatar varios episodios de "violencia cotidiana", los autores avanzan en un análisis de esta experiencias, detectando que se originan muchas veces por una necesidad insatisfecha o una demanda incumplida.

Al profundizar en este aspecto, señalan que la necesidad insatisfecha o una demanda incumplida puede estar relacionada con la atención de salud (en cuanto a lo meramente técnico); el contacto humano o vínculo comunicativo; y el manejo práctico de tiempo y espacio (el lugar donde se realiza la atención, la demora en la misma, los traslados, la intimidad de la consulta).

Llegado a este punto, los profesionales sostienen que "la insatisfacción parecería surgir entonces de una no coaptación de la dupla médico-paciente, una discrepancia en los planos de expresión de las mismas: El paciente que solicita / el médico que provee"; frente a lo que cabe preguntarse cuando ocurre el hecho violento, ¿no se han transgredido ya derechos de una o de otra parte de la dupla médico-paciente?"

Determinantes y condicionantes

Para los autores, si bien las conductas violentas tienen sus determinantes primeros en los estilos de vida y las preferencias individuales, también tiene sus "macro determinantes en el nivel de acceso a servicios básicos, educación, empleo, vivienda e información, en la equidad de la distribución del ingreso económico y en la manera como la sociedad tolera, respeta y celebra la diversidad de género, etnia, culto y opinión".

Frente a lo cual, el profesional de la salud queda expuesto como la cara visible de una organización deficiente.

En este contexto, es importante observar los factores causales y situaciones desencadenantes, como ser: sobrecarga laboral de los médicos (obligados a ver número excesivo de pacientes para mantener un buen ingreso); despersonalización del acto médico; deterioro de la relación médico paciente; falta de libertad en la elección del profesional por parte del paciente; demoras en la atención "urgente"; retraso en los plazos para estudios complementarios, cirugías y procedimientos programados; falta de infraestructura e insumos; falta de aceptación por parte de pacientes y/o familiares de los riesgos inherentes a cualquier procedimiento invasivo, y un largo etc.

Conclusiones y propuestas

Como cierre, los autores postulan que "en las instituciones médicas es necesario repensar y revalorar cada aspecto de este tema, a menos que quiera seguir arriesgándose la salud social, más que la individual".

Lo mismo vale para el paciente, "el hombre común que dispone de un limitado conocimiento de las cosas y una valoración sesgada por su historia personal". Para enfrentar esta faceta del problema, "se requiere de una tarea educativa integral (...) en la que se tenga conocimiento de causa y nociones plenas de sus derechos, así como también de las obligaciones que cada uno de ellos conlleva. Es tarea de años, de práctica médica, pero esencialmente de (re)educación: médica, institucional y social".

Pensando en un camino posible de solución proponen un conjunto de principios generales para encara un plan contra la violencia en los servicios de salud:

- Integración, dado que su origen es multi-causal, es necesaria la participación de los distintos sectores comprometidos;

- Igualdad, en la perspectiva de una disminución de la vulnerabilidad de determinadas personas o sectores, se entiende importante la igualdad de derechos y oportunidades;

- Compromiso, para que el plan tenga éxito, máxime por la importancia del tema, se debe lograr la incorporación al mismo de todos los sectores de la sociedad;

- Participación, lograr la intervención de la población en el análisis de las situaciones, proposición y ejecución de acciones;

- Educación, fortalecer valores, actitudes, formas no violentas de resolver situaciones conflictivas; informar sobre los factores de riesgo, indicadores de comportamientos agresivos y manifestaciones de violencia;

- Resiliencia, reorientar nuestra atención hacia la actitud de algunas personas de reaccionar positivamente a pesar de las dificultades.

El texto completo del informe puede leerse en el N° 4 de la Revista Colegio de Médicos