Somos médicos

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Desde hace algunos años, las celebraciones por el Día del Médico se vienen produciendo en un contexto social y profesional dominado por preocupaciones sobre la seguridad laboral, el riesgo judicial y la sobrecarga de presiones que recaen sobre los equipos de salud frente a las demandas cada vez más exigentes de la población.

 

 

 

Por eso, las evocaciones por Día del Médico nos tienen que servir para levantar la mirada por sobre la coyuntura, y encontrarnos con el legado de aquellos referentes de nuestra profesión como Carlos Finlay, Laureano Maradona o René Favaloro, que nos devuelven el significado de la entrega cotidiana, la solidaridad, la curiosidad, y el respeto por el conocimiento de las personas y su bienestar.

Solo así podemos recuperar el aliento y conectarnos con esa una inocultable vocación de servicio que nos condujo hacia la medicina.

Por eso, ser médico hoy, es prepararse para transitar un escenario diferente al que conocimos cuando nos formamos. Atreverse a enfrentar una realidad cambiante según las circunstancias sociales o geográficas en donde nos toca actuar. Y entender que se nos mide con un denominador común de exigencias que pasan por la rapidez en los resultados, y la excelencia profesional, todo con la humildad suficiente para seguir adelante sin recibir demasiados reconocimientos.

En nuestro trabajo cotidiano nos cruzamos con realidades sociales, individuales y colectivas que se plantan con demandas constantes y crecientes. El médico queda como la cara visible y el receptor de las quejas, y muchas veces se produce un desbalance donde no son reconocidos los derechos de todos y un solo sector carga con toda la responsabilidad.

La inmediatez que hoy se le atribuye los jóvenes también domina las expectativas de los no tan jóvenes. Frente a la exigencias de resultados, que no siempre se pueden garantizar, aparece como respuesta el uso de tecnología sin límites, generando un perjudicial incremento de los costos y relegando a un segundo plano lo más valioso que tenemos para resolver los problemas: nuestra capacidad intelectual, las destrezas adquiridas, la preparación de años y capacitación profesional.

Por eso no debe resultar sorprendente que veces nos invada la angustia cuando nos sentimos acosados por no lograr los resultados que se esperan de nosotros. Como si existiere la posibilidad que un médico actué voluntariamente en contra de la salud de sus pacientes.

Pero pese a todo nadie nos quita la pasión por nuestra profesión de médico. Como pocas nos premia al involucrarnos con la comunidad, con las familias y con las personas, con el claro y único propósito de prevenir la enfermedad y mitigar el dolor.

 

Dr. Carlos Daniel Alico

Presidente Mesa Directiva

Colegio de Médicos de Santa Fe - Primera Circunscripción