"De lo sagrado a lo santo" en el Café Filosófico

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llamaEl martes 8 de agosto se realizará un nuevo encuentro del "Café Filosófico" del Colegio de Médicos de Santa Fe. En esta ocasión el tema de conversación será "De lo sagrado a lo santo. Reflexiones en torno a la religiosidad humana y sus fenómenos". La coordinación estará a cargo del Doctor en Filosofía Federico Viola. La actividad es abierta a todo público y se entregan certificados de asistencia.

 

 

 

 

 

 


El próximo martes 8 de agosto, a las 20.30 horas, se realizará un nuevo encuentro del "Café Filosófico" organizado por la Comisión de Biblioteca del Colegio de Médicos de Santa Fe.


En esta ocasión, el tema de conversación será "De lo sagrado a lo santo. Reflexiones en torno a la religiosidad humana y sus fenómenos". En el inicio del encuentro, el Doctor en Filosofía Federico Viola, presentará el abordaje teórico del tema para luego abrir el debate que siempre se desarrolla en un clima de cordialidad y atención. Para lo cual propone la lectura del texto "Distingamos lo sagrado y lo santo" publicado por Miguel García-Baró en el sitio EntreParentesis.


Esta actividad es abierta a todo público. Se entrega certificado de asistencia, y al finalizar se compartirá un brindis con los participantes.


Lugar: 9 de Julio 2464 de la ciudad de Santa Fe.


Federico Viola


Doctor en Filosofía (Universidad de Friburgo, Alemania), Licenciado en Filosofía (UNL, Argentina), Profesor en Enseñanza Cristiana y Filosofía (Instituto San Juan de Avila, Santa. Fe, Argentina). Entre 2013 y 2015 Docente en la Universidad de Friburgo. Autor del libro "Der Kairos der Liebe. Das Konzept der Gerechtigkeit bei Emmanuel Levinas" y de otras publicaciones académicas aparecidas en revistas científicas de Europa y América Latina. Áreas de interés: Ética, Teoría de la justicia, Filosofía del lenguaje, Nuevas tecnologías, TICs, Educación e informática.

 

Distingamos lo sagrado y lo santo
Por Miguel García-Baró - 28/05/2016


El cristianismo no quedó descrito en mi anterior contribución más que parcial y someramente. Él, como el judaísmo, se encuentra, en el terreno de las religiones, en el lado de lo santo, mejor que en la banda de lo sagrado.


Esta distinción dista mucho de ser clásica. De hecho, como diferenciación conceptual es recientísima y la debemos sobre todo a la pluma inquieta e inquietante, aguda y muchas veces adrede hiperbólica, de Emmanuel Levinas. Aunque, por otra parte, es muy cierto que el qadósh bíblico (en la fórmula del trisagio de Isaías) seguramente distaba del sacrum latino tanto como, respectivamente, distan ahora para nosotros lo santo y lo sagrado (y queda oscilando entre ambos sentidos el del hosion griego, sobre todo cuando atendemos a cómo lo analiza Platón-Sócrates en Eutifrón).


Una breve incursión por la filología señala que sacrum, sanctum y el griego hagion están en íntima relación. Y sancire quiere decir apartar algo haciéndolo en adelante inviolable (por ejemplo, porque quede destinado al sacrificio ritual); pero es que también exponen así los hebraístas el sentido básico de la raíz qdsh.


En cambio, cuando entramos en la más conocida (y generalmente aceptada) descripción de lo numinoso como núcleo de lo sagrado (heilig), –la de Rudolf Otto–, con lo que nos encontramos es con el misterio tremendo y fascinante; en otras palabras: con lo casi absolutamente Otro, que inspira un pavor peculiar, único, hondísimo; pero que, al mismo tiempo, causa una fascinación que cuesta ímprobo esfuerzo contener. Ajenidad o alteridad radicalmente temible y atrayente, que se dice en lenguaje más conceptual Transcendencia. Solo que en el reconocimiento del numen (de lo sagrado) por parte del sujeto humano entra esencialmente la capacidad de participación –incluso de índole colectiva, y no solo limitada al individuo-: la absorción mística en la potencia transcendente del Misterio.


Estos afectos tan graves (tremor y fascinatio) dejan abierta la puerta, en la intención explícita de Otto (que era a la vez teólogo protestante e indólogo), a que los sujetos religiosos se limiten a vivirlos (e incluso a veces truncados, o sea, quedándose apenas en el primero) o pasen a "esquematizarlos" racionalmente. Por ejemplo, la teología judeo-cristiana (en general, la teología de las religiones del Libro) esquematiza lo numinoso como transcendencia absoluta, infinitamente justa e infinitamente graciosa o misericordiosa. Y si bien todas las religiones maduras y creadoras de cultura proceden a tal género de relativa racionalización del numen, es suficientemente claro que se distinguen grandemente en los resultados conceptuales y existenciales en que termina ese paso por la razón (ese dar que pensar a la razón).


Yo me atrevería a decir que lo meramente sagrado es accesible en la participación colectiva del entusiasmo, o sea, de la embriaguez irracional con la que el ser humano puede entregarse a lo otro que aterroriza y, al tiempo, satisface. Pero que lo santo parte necesariamente de la fórmula que acabo de emplear: transcendencia absoluta, infinitamente justa e infinitamente graciosa o misericordiosa. Lo santo solo puede ser avistado o, mejor, vivido por la razón como cima de la complejísima trama que es el ser humano.


Y aquí enlazamos con lo dicho el mes pasado: la bondad infinita, el amor absoluto, la libertad, el perdón... Y llega el momento de entrar –otro mes- en la encarnación y la fabulosa riqueza de misterios que guarda tanto para el sentir y la emoción como para la razón. Terreno en que Dios debe guardarnos tanto de enfrentar entre ellos a los hombres sinceramente religiosos, como de rebajar las exigencias de la verdad y la realidad.

 

http://entreparentesis.org/distingamos-lo-sagrado-lo-santo/